viernes, 24 de diciembre de 2010
Cuando llegamos a la entrada principal, cogí la llave de debajo del tapete, para luego soportar el regaño de Daniel por la inseguridad de aquel escondite tonto y predecible. Respondí a sus reclamos con "si", "tal vez" y varios "estás en toda la razón", cuando por fin logré abrir la gran puerta que daba a mi sala de estar principal. Al entrar se podía oir el rechinar de las maderas contra los zapatos que Daniel llevaba puestos, y luego, el silencio sepulcral de una mansión la cuál solo una jóven adulto vive.
Las paredes eran todas, y absolutamente todas en la mansión de color azul intenso, y es el día de hoy que estoy cansada de aquel penetrante color. El suelo de madera blanco combinaba a la perfección. En frente de la entrada, una enorme biblioteca circundada por sofás y sillones, todos de colores matices en madera y negros. A la izquierda una gran barra de tragos interminables y bebidas blancas para sobrevivir al frío de Sheffield, y también para sobrevivir a situaciones algo incómodas. Banquetas por doquier de la misma exacta tonalidad de los sillones alrededor de la biblioteca giratoria. El cuarto en sí debía tener doscientos metros cuadradados. Siempre dije que mis padres habían sido algo exagerados al construir semejante estar, pero así sea y en paz descansen, ahora es mi hogar y debía acostumbrarme a espacios grandes.
Por la derecha, el gran arco de madera daba paso al gran comedor, con una mesa de espacio para ciencuenta y seis sillas, todas colocadas en su lugar. Varios candelabros adornaban las mesas, y a mi sorpresa, las velas estaban encendidas, por lo que resolví que las criadas estaban ya levantadas.
-Buenos días, señorita Nevada. Señor.- dijo una de ellas, dirigiéndose con nula certeza a Daniel.
-Él, Clarissa, es el señor Young.
-¡Oh si!, disculpe mi ignorancia. Buenos días, señor Young.- en tono de disculpa, y haciendo una reverencia.
-Buenos días.- contestó Daniel, cortante.
-Clarissa, ¿podrías preparle al señor Young un cuarto, por favor?
-Si, por supuesto, enseguida Madam.
-Gracias.
Daniel y yo nos dirigimos hacia la gran barra de bebidas, donde el observaba meticulosamente la diversidad de alcohol que se hallaban en esos estantes.
Luego tomé asiento, y el hizo de barman, luego de una prolongada insistencia de su parte para que yo probase alguno de sus "exoticos tragos".
viernes, 3 de diciembre de 2010
Chapter 2
lunes, 29 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
Nos sentamos junto a un árbol que debía haber sido el más antiguo del bosque entero. Me senté y al instante Daniel me siguió junto a mí.
-Equivocaste la penúltima nota.-
-¿Quién dice?-
-Yo digo.-
-¿Y quién eres tú, quién dice que tienes el permiso de corregirme? Apuesto que ni siquiera tienes conocimiento de las notas. Además no sabes nada del arte de canto. Limítate a tocar tu guitarra de cuarta y déjame a mí lo de entonar las letras.- contesté algo molesta.
- Y aquí es donde comienzas a parecerte a Catherine Earnshaw.- dijo, escondiendo su cara entre sus rodillas.
-¡Menudo hipócrita!¡Has leído lo que considerabas bobo!- reproché.
-Por supuesto que lo he leído.- rectificó orgulloso.
-¿Por qué tienes que mentir siempre?- pregunté con cierta decepción.
-Fue sólo para poder decirte que tu literatura era boba. De hecho no lo he leído, la verdad es que conozco la historia, tanto como para saber que el amor de Heathcliff era hacia Catherine.-
-No me extraña que siguieras mintiendo. Si buscas impresionar a alguien, no lo estás logrando conmigo.-
-¿Quién dice?-
-Yo digo.-
-¿Y quién eres tú, quién dice que tienes el permiso de evaluar mi comportamiento? Apuesto que tú eres la más mentirosa.- me imitó con tono burlón.
-Al menos parece que me oyes.- dije, levantándome del frío suelo y apartándome de él con intenciones de manterme lejos.
-Sí, lo suficiente como para decir que adoro tu voz.- gritó, permitiendo que la expansión del bosque repitiera en su eco sus célebres palabras.
Me quedé helada. Hacía tiempo que nadie me daba un cumplido refiriéndose a mi voz, y al menos no de una manera tan honesta y verdadera como había sonado aquella.