Es una de las pocas veces donde no me doy cuenta a qué me arriesgo. Tengo un péndulo en mi cuello y corazón, me cuenta el tiempo que tengo para salir de este lugar, sin embargo, al parecer, deseo quedarme aquí. Esperando que mi vida cambie, tengo a mi gata mimándome y marcando con sus patitas mi hoja de escritura.
Fue una historia muy bonita, llena de amor y especulaciones. Se dice que cuando se especula se pierde, y así fue. No por mucho logré escapar, pero estoy en este instante escribiendo. Sí, luego de una recuperación casi total, cuando el 31 de mi mes escribí "te lloro a tí".
¿A dónde va mi vida? Cuando las luces se apagan y son las 3 de la mañana. "Es un frenesí de nunca acabar", y si, seguro me faltan leer muchísimos libros de filosofía. Las cosas cambian, y es una de las pocas veces donde no me doy cuenta a qué me arriesgo. Esta es una historia hermosa, tal vez mi conexión pueda relatarla mejor. Mis días eran contados, no obstante, volvieron a restarse. Tengo de testigo a mi gata, que no me permite escribir. Tengo recuerdos en mi mente que nunca podré descubrir. Se estarán preguntando, ¿es contagioso? Sí, normalmente sí.
Suelo usar reglas para este tipo de encomiendas, al respecto para con la vida, pero hoy será una excepción y tengo en cuenta que seguiré escribiendo hasta que muera. Bienvenidos aquí.
Era duro pensar que algo así podría haberme afectado tanto. ¡Una calamidad que no tenía importancia! Bueno, al parecer sí.
Entré regoneandome a la sala, supuse que era la mejor, siempre lo creo. Ví los pájaros, y me dije: ¡Cantan para mí! Si lo hacían. Malditos pájaros. Ahora puedo distinguir la cálida marcha fúnebre. Ironía pués.
El paisaje se veía calmo, no obstante los molestos pájaros y los perros correteando, mi vestido estaba húmedo. La lluvia empapaba mis zapatos de salir, y desteñia mi pelo. Las gotas caían sobre mi pecho. En fin, el frío era algo que se volvería cotidiano, ya lo estaba haciendo. Siquiera recién terminaba de entender las injusticias de una "necesitada malatendida", y ya me estaban escribiendo lo que terminaría de matarme, y si no me mataba, me convertiría en Wonderhelene. Lo que no sabía era que yo ya fui, soy y seré Wonderhelene.
-"Señorita Nevada, ¿puede acompañarme por favor?"-, a carcajádas gritaba Juana. Se burlaba del trato que el señor Young tenía para conmigo. Daniel Young. Y así comenzó todo.
En sus intentos de agradarme, me frecuentaba con indiferencia, una total ensaña para mí. No era lo que se dice apuesto, y precisamente, era más bien lo que se dice horroroso. En todo sentido, pero algo en su voz me agradó, y le ofrecí mi pseudo-amistad, que ya podrá ser interpretada más adelante.
Nos sentamos en el sofá que se encontraba en la glorieta de los Warrior. Era un lugar muy bonito a decir verdad, si bien no mi estilo, muy bonito. El piso de madera combinaba a la perfección con las vallas de piedra que cercaban la edificación. Lleno y rodeado de tulipanes blancos, el lugar perfecto para desperdiciar millones de tardes lluviosas. En el centro de ésta se encontraba una moqueta con un diseño, creado por la hermana mayor de los Warrior, al igual que el tejado, también pintado por ella. Justine Warrior.
Justine era de esas chicas atrevidas hasta cierto punto, en el cual se vuelven más discretas, y con discreción me refiero a falsedad, bien finjida, con una sonrisa puntualmente preparada para agradar a los más ingenuos de la bien puesta sociedad, y a pesar de caer tan bien en mi ámbito de clase financiera, sus planes para casarse con el jóven si bien no pobre pero tampoco pasable estudioso de las plantas Joseph Kelvin, seguían en pie y sin arrepentimiento alguno. Tal vez se gane su fortuna cuando se reciba de Biólogo Botánico, no lo sé y tampoco es de mi interés.
Justine era ínfima amiga de Daniel, sin embargo, nuestro encuentro no fue a causa de ellos, sino de un conocido mio, en áquel entonces amigo, Ralph Correll. Él fue el que me
intrudujo a él. Si, a él. Cuando todos nos encontrábamos en las fiestas del college, Ralph me comentó que alguien estaba interesado en mí, y en ese entonces, al no tener nada que perder, respondí con un okay. Nunca hubiera yo sabido de la existencia de un ser trasparente y oculto como él, maestro en el arte de esconderse, y juro que desde el puro principio creí conocerlo. Lo describí con "las tres sagradas T": Tarado, tímido y torpe. Debí haber incluido un deforme, pero no comienza con T.
Luego de haber marcado su comportamiento con la regla T, sentí lástima por él, así que decidí darle una oportunidad en su afán por impresionarme con sus "conocimientos musicales", y aunque tempranamente me aburría, descrubrí algo que no se incluye en "las sagradas T", que para algunos puede ser algo más, pero cualidad que para mí es un arma letal. Me hacía reir, y me hacía reir mucho, demasiado. Sonreír con él era algo habitual.
-¿Qué lee?-, sorprendida por la interrupción del silencio realmente sepulcral en que me encontraba, giré lentamente hacia la dirección de la voz.
-Cumbres Borrascosas, el clásico en el que el hombre es más terco y obstinado de lo habitual-, soltándo una sonrisa respondí.
-No lo he leído, pero apuesto a que no es mi tipo de literatura. Tu gusto en textos es muy inútil e infantil para mí, y me permitiría decir que hasta demasiado. A decir verdad, es bastante bobo.-, asumió.
-Y aquí es donde comienzas a parecerte a Heathcliff-, dije con desprecio.
-¿¡Hemingway!?-
-Dejémoslo ahí-, concluí.
-Está bien, ¿quieres hacer algo?-, preguntó con desinterés simulado, aunque yo pude escuchar su ápice de entusiasmo.
-Depende. Si vamos a la casa de tu amigo, no. Si vamos al bosque, sí.
-¿Qué te parece el lago junto al bosque? Podemos chapotear.-
-¿¡Chapotear!?¿Cuántas neuronas tienes?¡Estamos en plena nevada!-
-Bueno, entonces creo que subestimé su capacidad de supervivencia-, dijo con superioridad.
-Disculpe Sr. "nunca tengo frío porque soy un hombre"-
-Yo nunca dije eso, veo que se sobreentiende por sí mismo-, soltó una leve carcajada.
-Vale, el lago. Iré por mi cartera.
Fui rápidamente a buscar lo que necesitaba, mientras la lejanía del hogar me permitía meditar maneras de evitar el contacto físico que no era prudente con Daniel. Tomé mis cosas y me dirigí nuevamente a la glorieta, despidíendome de mi amiga Juliet, la hermana de Justine, y del Sr. y la Sra. Warrior. Me reencontré con Daniel y partimos camino al lago.
El trayecto fue bastante silencioso de él, pero por mi parte, yo cantaba "Hey Jude". Al parecer él disfrutaba oyéndome, y yo disfrutaba ser oída, hasta que llegamos.